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jueves, 21 de septiembre de 2017

BERLÍN 1936. DIECISÉIS DÍAS DE AGOSTO

Berlín 1936 es la obra de Oliver Hilmes (Viersen, Alemania, 1971) publicada en España en febrero de este año por Tusquets Editores en su colección Tiempo de Memoria. Este autor, doctor en historia, cuenta entre sus obras más conocidas con las biografías de personajes como Alma Mahler, Cosima Wagner, Frank Liszt o Luis II de Baviera con las que ha conseguido un gran éxito entre los lectores y la crítica.

En esta obra se sumerge en el Berlín de 1936 en el que el régimen nazi mostraba al mundo la cara amable, abierta y cosmopolita de la capital alemana durante la celebración de los Juegos de la XIª Olimpiada.

Los carteles con <<prohibido a los judíos>> habían desaparecido misteriosamente de las paredes y, en lugar de los himnos nazis, en las calles sonaban desenfadados ritmos de swing. Fue sin duda un verano de contradicciones: mientras en el estadio olímpico las masas aplaudían las hazañas deportivas, a pocos kilómetros de la capital se abrían campos de concentración; y mientras dirigentes como Göring o Goebbels competían para deslumbrar a los visitantes internacionales, gitanos, judíos y disidentes comenzaban a padecer en carne propia una represión brutal.

Oliver Hilmes acompaña a los personajes célebres de aquel momento y gente corriente, deportistas, escritores, artistas, travestidos y jerarcas nazis durante aquellos dieciséis días en un apasionante retrato de la ciudad y sus habitantes , decididos a saborear a fondo la existencia mientras el régimen se preparaba para la guerra.


Nota Bibliográfica:
Título: Berlín 1936. Dieciséis días de agosto
Autor: Oliver Hilmes
Páginas: 313
Editorial: Tusquets Editores, 2017















jueves, 5 de febrero de 2015

WATERPOLO: EL BAÑO SANGRIENTO DE MELBOURNE

Equipo hungaro de waterpolo. Medalla de oro.
Juegos Olímpicos de Melbourne 1956
El baño sangriento de Melbourne fue un partido de waterpolo entre Hungría y la URSS en los Juegos Olímpicos de 1956 y es posiblemente el partido más famoso de la historia del waterpolo. Para entender la trascendencia de este partido debemos conocer el contexto histórico en el que se desarrolla.

Entre el 23 de octubre y el 10 de noviembre de 1956 se produjo en Hungría una revuelta popular contra el gobierno de la república húngara y sus políticas impuestas desde la Unión Soviética. Esta revolución espontánea fue duramente reprimida por la URSS y se saldó con 2.500 muertos entre los húngaros y 722 soldados por el lado soviético.

Revolución Húngara.
Del 23 de octubre al 10 de noviembre de 1956
Con esta agitación social el equipo olímpico de Hungría se vio forzado a viajar a Melbourne a los juegos que se celebraron del 22 de noviembre al 8 de diciembre de ese mismo año. La desproporcionada reacción de la URSS ante la revolución húngara provocó el boicot de España, Holanda y Suiza en señal de protesta.

En el torneo de waterpolo masculino se enfrentaron las selecciones de Hungría y la URSS en la lucha por las medallas en un ambiente de gran tensión.

Desde el principio, el partido fue muy físico, con intercambio de golpes y un juego muy rudo. El jugador estrella del equipo magiar Ervin Zádor (Budapest, 1935) marcó dos goles para la alegría de la multitud que apoyaba mayoritariamente a Hungría. 

Imagen de Ervin Zádor abandonado la piscina
en el histórico partido Hungría- URSS
Con un 4-0 en el marcador, que resultaría definitivo, al llegar los minutos finales Zádor fue obligado a abandonar la piscina tras ser golpeado por el jugador soviético Valentin Prokopov.

La herida de Zádor fue la gota que colmó el vaso de una multitud ya exaltada. Para evitar una revuelta, el partido fue suspendido a falta de un minuto, y la policía ocupó el recinto para contener a la multitud.

Las fotos de las heridas de Zádor fueron publicadas por la prensa de todo el mundo, dando lugar al nombre de <<baño sangriento>>, aunque la información sobre el agua teñida de rojo fue con toda seguridad una exageración.

Freedom's Fury (2006)
<<One Tem, One Country, One Chance For Revenge>>
El equipo húngaro continuó en la competición y venció a Yugoslavia por 2-1 en el partido final para ganar su cuarto oro olímpico. La selección de Yugoslavia se clasificó en segundo lugar y la Unión Soviética se llevó la medalla de bronce.

A la hora del regreso de Melbourne la mitad de los integrantes de la delegación húngara solicitaron asilo político. Este fue el punto de partida de las deserciones de atletas del bloque comunista en los Juegos Olímpicos. Desde Melbourne, fueron numerosos los casos de deserción y los países del Este se vieron obligados a endurecer las medidas de seguridad con sus atletas.

En 2006, coincidiendo con el cincuenta aniversario de la Revolución Húngara de 1956, se realizó el largometraje documental Freedom's Fury, que cuenta la historia del partido. El film fue producido por Lucy Liu y Quentin Tarantino, quien lo describió como <<la mejor historia que jamás me han contado>>. El documental está narrado por Mark Spitz que fue entrenado por Zádor protagonista involuntario del baño sangriento de Melbourne



Fuentes:
https://historiasportblog.wordpress.com/2014/04/24/el-bano-sangriento-de-melbourne/
http://www.mundodeportivo.com/20080101/melbourne-1956_53496906474.html
http://elcuervowaterpolo.blogspot.com.es/2007/03/el-partido-sangriento-melbourne-56.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Incidente_del_ba%C3%B1o_sangriento_de_Melbourne


Entrada elaborada por: José Antonio Valgañón














lunes, 22 de diciembre de 2014

EL BRUTAL DEPORTE ECUESTRE DEL BUZKHASI ES EL DEPORTE NACIONAL AFGANO

El buzhasi es uno de los deportes más violentos del mundo
El buzkhasi es una disciplina deportiva ecuestre que tiene consideración de deporte nacional en Afganistán. Es una actividad originaria de Uzbequistán aunque es practicado mayoritariamente en la vecina Afganistán. 

El buzkashi es uno de los deportes más insólitos y violentos del mundo. 

En un campo cuya longitud es hasta dos kilómetros se enfrentan dos equipos con un número indeterminado de jinetes. Los más hábiles entre los participantes son conocidos como chapandoz. 

La finalidad de este juego es portar a caballo una cabra sin cabeza y extremidades llamada boz de un extremo del campo hasta el otro, tras girar al pasar una bandera y depositar la cabra dentro de una área marcada con un círculo rojo. Esta modalidad, que es la más popular y más difícil se denomina Qarajai.

El chapandoz es el jinete más experimentado del equipo
La otra modalidad es el Tudarabai en la que un jinete porta la cabra lo más lejos posible de la zona de puntuación y evita que el resto de los chapandoz se la arrebaten.

Aparentemente, los equipos no suelen utilizar prendas para diferenciarse los unos de los otros, ya que se cuenta con que los participantes deban conocerse entre ellos.

En el buzkashi lo más singular es la escasez de reglas y las constantes batallas a caballo que tienen lugar dentro del recinto de juego. También resulta singular que no haya árbitros y que sean los propios jugadores los que decidan el resultado de la contienda.

La cabra decapitada se denomina boz


Al no existir reglas estrictas los participantes están en su derecho de hacer todo lo que quieran por despojarle de la cabra degollada al chapandoz que la porte. 

Los jugadores no son los únicos que se someten a arduo entrenamiento para participar en el buzkashi; los caballos que participan deben entrenar durante cinco años antes de que alguna vez actúen en el campo de juego. 

El buzkhasi, es sin duda un deporte muy peligroso, pero el entrenamiento intensivo y una excelente comunicación entre el caballo y el jinete puede ayudar a minimizar el riesgo de lesiones.

El público disfruta enormemente con el buzkashi sobre todo en los choques y cuando los jinetes caen de su caballo. No obstante,el buzkhasi es todo un acontecimiento social en Afaganistán y dadas las costumbres y leyes del país las mujeres no pueden asistir como público ni mucho menos participar en el juego.

Campo de Buzhasi. En sistema métrico imperial
1 pie (1 ft) = 0,3048 m
Es posible contemplar contiendas de buzkashi todos los viernes en Kabul, la capital de Afganistán. Aunque pueda parecernos increíble para muchos afganos el buzkhasi no es sólo un juego, es una forma de vida y una forma en la que el trabajo en equipo son esenciales para tener éxito.

Los competidores participan por ganar los premios que aportan los patrocinadores, en muchas ocasiones dinero y también premios en especie como ropa u otros regalos.



Fuentes:
http://www.afghan-web.com/sports/buzkashi.html
https://deportesdesconocidos.wordpress.com/2014/01/20/buzkashi/


Entrada elaborada por: Juan Elías / Enrique González de Heredia.















lunes, 14 de abril de 2014

LA MASACRE DE MÚNICH (y II): CONSECUENCIAS Y REPRESALIAS DE LOS ATENTADOS

El 5 de septiembre de 2012 en el 40 aniversario
de los atentados el COI homenajeó a las víctimas de Munich

Tras los horribles atentados de Munich y su trágica resolución no cesaron las hostilidades entre los estados implicados. Muy al contrario, en los días, semanas y meses posteriores se generó una espiral de violencia de gravísimas consecuencias. Para empezar, tan sólo cuatro días después de la masacre, la fuerza aérea israelí bombardeó las bases de la Organización para la Liberación de Palestina OLP en Siria y Líbano, ataque que fue reprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU.

La primera ministra de Israel en aquel momento, Golda Meir, y el Comité de Defensa Israelí dieron órdenes al servicio secreto de aquel país, el Mossad, de encontrar dondequiera que estuvieran a todos los responsables de planificar y organizar el ataque contra sus deportistas. Con esta finalidad, cinco de sus mejores agentes fueron enviados a Europa a seguir su pista. La orden era inequívoca: no regresar hasta haber cumplido el objetivo. <<Deben ser precisos y no dejar víctimas inocentes –se les advierte-. Nuestros enemigos deben pensar que están indefensos y que los podemos alcanzar cuando queramos>>. Esta misión sería conocida como <<Operación Colera de Dios>> y se tradujo, entre octubre de 1972 y junio de 1973, en el asesinato de una decena de destacados dirigentes palestinos.

Golda Meir. Primera Ministra Israelí entre 1969 y 1974
El 29 de octubre de 1972, menos de dos meses después de los atentados de Munich y en medio de la contundente respuesta de Israel, otro comando de Septiembre Negro había secuestrado un avión de Lufthansa, y amenazó con volarlo si no se liberaba a los tres terroristas presos en las cárceles germanas. Las autoridades de este país, aterradas ante la posibilidad de otro baño de sangre, atendieron sus reivindicaciones y de esta manera, los tres secuestradores supervivientes del ataque de Munich quedaron en libertad y fueron recibidos como héroes.

Tras comprar e intercambiar información con otros servicios de inteligencia europeos, los agentes del Mossad encuentra su primer objetivo: Wael´Aadel Zwaiter, el encargado de reclutar al comando terrorista para el ataque. El 16 de octubre de 1972 dos hombres le abordan en las calles de Roma y le acribillan con catorce disparos. En diciembre de ese mismo año, localizan en Francia a Mahammad Hamshari, representante de la OLP en aquel país. Va permanentemente protegido por cuatro guardaespaldas, por lo que deben idear otra táctica. Interfieren su teléfono y mandan a un agente para repararlo; éste coloca bajo su escritorio una bomba que se activaría por control remoto. Herido de extrema gravedad en la explosión, moriría pocos días después.

En enero de 1973 el MOSSAD tiene conocimiento de que otro de los cabecillas del atentado, Hussein Al-Bashir, se aloja en un hotel de Nicosia en Chipre. Seis explosivos colocados bajo su cama, y activados por presión acaban con su vida. En los meses siguientes un responsable de armamento del Frente Popular de Liberación de Palestina FPLP es tiroteado en las calles de París-, y otros dos destacados representantes de la OLP.

Las cosas se complican en abril cuando localizan en Beirut (Líbano) a otros tres importantes dirigentes de la OLP directamente relacionados con la masacre de Munich y protegidos por más de cincuenta fedayines de la FPLP, pero eso tampoco detiene los agentes del Mossad quienes, ayudados por otros comandos israelíes, asestan un golpe contundente, acabando con la vida de sus tres objetivos, cuatro civiles libaneses, tres turistas sirios y uno italiano, además de provocar veintinueve heridos. A continuación, explotaron el cuartel general del FPLP en la ciudad y un depósito de explosivos del grupo terrorista Al Fatah.

El encargado de las operaciones de Septiembre Negro en Europa, Mohammad Boudia, consigue escapar del ataque aunque dos meses después, un artefacto explosivo colocado bajo su vehículo acaba con su vida.

En represalia a todos estos ataques, los palestinos se lanzan igualmente a una campaña de atentados contra intereses israelíes. La espiral de odio, venganza y muerte no deja de crecer por ambos bandos. Tres de los agentes del Mossad fallecen en esos ataques contra líderes palestinos, y el primer grupo de agentes es relevado por un segundo equipo, que cometería un error imperdonable al confundir en Lillehammer, Noruega, al terrorista Ali Hassan Salameh –destacado dirigente de Septiembre Negro-, con un ciudadano marroquí que nada tenía que ver con los hechos de Munich. Los cinco agentes responsables de esta acción -entre ellos, dos mujeres-, son detenidos por las autoridades noruegas, juzgados y encarcelados, aunque posteriormente serían repatriados a Israel. En enero de 1979, el Mossad da finalmente con el paradero de Salameh, asesinándole con un coche bomba en Beirut.

La planificación de todas estas acciones fue llevada al cine en 2005 por Steven Spielberg en una película, <<Munich>>, aplaudida por la crítica y los expertos cinematográficos que obtuvo cinco nominaciones a los Oscars, pero que no fue del gusto de los israelíes ni de los palestinos.

Hay quien piensa que aquella masacre inauguró la era moderna del terrorismo. Lo que está claro es que lo ocurrido aquel día de septiembre en Munich cambió para siempre la idea de la seguridad en unos Juegos Olímpicos y, a la vez, multiplicó el odio entre dos pueblos, con fatales consecuencias en una espiral de violencia y venganza que se prolongó durante años.

Munich. Steven Spielberg. 2005 (+18)
En aquellos años, sólo un hombre consiguió salir indemne de la persecución israelí en busca de venganza: Abu Dauoud, de quien se dice que fue el verdadero cerebro del ataque contra los deportistas. Abu Daoud sobrevivió a un tiroteo en Varsovia, y nada más se supo de él durante años. El 3 de julio de 2010 -38 años después de la acción terrorista- fallecía en el Hospital Al-Andalus de Damasco, Siria, por una insuficiencia renal.

En la actualidad, una placa en el mismo lugar del Parque Olímpico de Munich en el que todo comenzó, conmemora la tragedia: <<El equipo del Estado de Israel permaneció en este edificio durante los XX Juegos Olímpicos de Verano del 21 de agosto al 5 de septiembre de 1972. El 5 de septiembre Moshe Weinberg, Yossef Romano, Ze'ev Friedman, David Berger, Yakov Springer, Eliezer Halfin, Yossef Gutfreund, Kehat Shorr, Mark Slavin, Andre Spitzer y Amitzur Shapira fallecieron de muerte violenta. Honor a su memoria>>, reza la inscripción, en alemán y hebreo. 

Aquella placa recuerda una de las mayores tragedias vividas jamás por el mundo del deporte, un mundo tan a menudo ejemplo de valores admirables pero que en este caso fue el vehículo utilizado por el terrorismo para amplificar las consecuencias de sus acciones.


Referencias:
http://historiasdeldxt.blogspot.com.es/2013/08/la-masacre-de-munich.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Operaci%C3%B3n_C%C3%B3lera_de_Dios













martes, 8 de abril de 2014

LA MASACRE DE MÚNICH (I) 5 de septiembre de 1972: EL RELATO DE LOS HECHOS

La bandera olímpica ondea a media asta
Los Juegos Olímpicos de Munich fueron testigos de la irrupción del terrorismo en el panorama olímpico. Los hechos acaecidos el 5 de septiembre de 1972 en la Villa Olímpica de Munich cambiarían para siempre la historia del olimpismo y se convertirían en una de las mayores infamias cometidas en el contexto de un evento deportivo.

El secuestro y posterior asesinato de once deportistas israelíes a manos de un comando de terroristas palestinos ha sido uno de los episodios más terribles que haya vivido jamás el mundo del deporte. Lo que sigue es el relato de unos hechos que conmocionaron al mundo y que propiciaron una espiral de violencia y dolor que duró años.

La decisión se había tomado en la primavera de 1966: Munich organizaría los Juegos Olímpicos de verano de 1972 tras derrotar con claridad en la votación final a Detroit, Montreal y Madrid. Treinta y seis años después de que Berlín fuera sede de unos Juegos instrumentalizados por el régimen nazi, el movimiento olímpico volvía a Alemania, que pretendía dar la imagen de un país moderno y pacífico.

El sábado 26 de agosto de 1972 tuvo lugar la ceremonia de inauguración en el espectacular estadio olímpico, uno de los grandes atractivos de aquellos Juegos. Aquella edición de 1972, que se denominaron <<The Happy Games>> iban a batir el récord de participación olímpica: 7.134 deportistas, de ellos 1.059 mujeres que representaron a 121 países.

El grupo terrorista Septiembre Negro sembró el terror
en la Villa Olímpica
Los primeros días de competición transcurrieron con normalidad. Fueron días marcados por el vibrante triunfo del finlandés Lasse Viren en los 10.000 metros, pero sobre todo por la impresionante exhibición de Mark Spitz, que conquistaría siete medallas de oro. Precisamente, al día siguiente de que el nadador norteamericano lograra su séptima y última medalla de oro sucedieron los hechos que conmocionaron al mundo entero.

La noche del 4 de septiembre los deportistas israelíes habían disfrutado de una salida por Munich. Fueron al teatro y a dar un paseo por la ciudad antes de regresar a la Villa Olímpica. Unas horas después, hacia las 4:30 de la madrugada del día 5, mientras todo el equipo israelí dormía, ocho miembros de la organización terrorista palestina Septiembre Negro escalaron la verja que rodea la Villa Olímpica. Iban vestidos con chándal, y llevaban bolsas de deporte en las que escondieron pistolas y granadas. Luego se supo que fueron ayudados a saltar la verja por componentes del equipo estadounidense, quienes pensaban que eran otros deportistas que, al igual que ellos, querían acceder furtivamente a sus apartamentos tras una noche de juerga.


Delegación Israelí en el desfile inaugural
Los terroristas se dirigieron hacia el pabellón donde se alojaban los deportistas y entrenadores de Israel. El primero en percatarse de que algo extraño ocurría fue Moshé Weinberg, entrenador de lucha libre, quien oyó un ruido tras la puerta de una de las habitaciones. Al observar que alguien armado la abría ligeramente se abalanzó sobre la misma, dando un grito de alerta, mientras intentaba cerrarla forcejeando con los terroristas. Su valerosa acción permitió que nueve de sus compañeros tuvieran tiempo de despertarse y escapar por las ventanas. Gracias a él salvaron la vida. Weinberg murió acribillado, como también murió el halterófilo Yossef Romano, quien plantó cara a uno de los terroristas con un cuchillo de cocina. Los otros nueve integrantes de la delegación israelí fueron tomados como rehenes. Todo ocurrió en unos pocos minutos de desconcierto y terror.

A las 5:00 de la madrugada del día 5 la policía alemana ya estaba apostada en las afueras del edificio de la Villa Olímpica y recibía de primera mano las demandas de los secuestradores, quienes exigían la liberación de 234 palestinos presos en cárceles de Israel así como un avión que les trasladara a algún lugar seguro de Oriente Próximo. Además, impusieron un plazo: si en tres horas no se satisfacían sus demandas, ejecutarían a los rehenes. La respuesta del gobierno de Israel fue inmediata y contundente: no habría negociación.

La policía alemana, con ropa deportiva, tomo posiciones
en la Villa Olímpica tras el secuestro
Poco después se sabría que los ocho secuestradores eran fedayines palestinos de los campos de refugiados del Libano, Siria y Jordania. El jefe del comando era Luttif Afif, destacado miembro de la organización Septiembre Negro, dos de cuyos hermanos, pertenecientes también a este grupo terrorista, se encontraban en prisiones israelíes. Amanecía en Munich y el mundo entero se encontraba ya conmocionado por la noticia del secuestro de estos deportistas. Rápidamente se formó un gabinete de crisis en el gobierno alemán, bajo la dirección del canciller Willy Brandt y el Ministro del Interior Hans-Dietrich Genscher, quienes rechazaron el inmediato ofrecimiento por parte de Israel de enviar un grupo de fuerzas especiales de su país.

Los secuestradores ampliaron, de tres a cinco horas, el plazo para ejecutar a los rehenes. Mientras tanto, se intensificaron las negociaciones con las autoridades germanas, quienes ofrecieron una cantidad ilimitada de dinero a cambio de su libertad, pero aquellos seguían firmes en sus pretensiones: exigían la liberación de los compatriotas encarcelados en Israel.

Tras doce horas de tensión y de continuas negociaciones frustradas, empezaron a darse cuenta de que sus peticiones no iban a ser satisfechas. Entonces pidieron dos aviones para volar con los rehenes hacia El Cairo, esperando que allí se escucharan sus demandas. Las autoridades alemanas fingieron aceptar el acuerdo con la intención de tenderles una emboscada en el aeropuerto: allí les esperaría un avión que no podría volar y un grupo de francotiradores camuflados.

La bandera de Israel ondeó a media asta en Munich
A las 22:10 de la noche del día 5 de septiembre, dos helicópteros transportaban a los terroristas y a sus rehenes a una base aérea próxima a Fürstenfeldbruck. Aterrizaron a las 22:30 en el aeródromo, en penumbra, donde un Boeing 727 de Lufthansa les esperaba en la pista de despegue. Tras más de media hora de extrema tensión, a las 23:03 horas dos terroristas bajan del helicóptero y caminan hacia el avión llevando como escudos humanos a dos de los rehenes. Al verlo vacío, sin tripulación, comprenden que se trata de una trampa, regresando precipitadamente hacia los helicópteros. Entonces, se encendieron todos los focos del aeropuerto y se dio la orden de abrir fuego contra los secuestradores.

De manera sorprendente, los cinco tiradores carecían de rifles de precisión, así como de sistemas de comunicación para coordinar el fuego. Se inició un caótico intercambio de tiros que acabó con la vida de dos de los terroristas y de un policía situado en la torre de control. El piloto de uno de los dos helicópteros logró escapar, pero no así los rehenes que permanecían en el interior de los aparatos, atados, brazos en alto, al techo. Al quedarse sin munición los tiradores, la situación se calmó durante unos minutos; minutos de tensa espera que terminaron en cuanto la policía alemana logró rearmarse. Entonces se volvió a exigir a los secuestradores la rendición. En ese momento comprendieron que era el fin… y decidieron morir matando.

Placa In Memoriam de los once atletas israelíes asesinados
Uno de los secuestradores saltó del primer helicóptero lanzando una granada a su interior, donde permanecían cuatro deportistas israelíes y el piloto. Todos murieron en el acto. Otro, en el segundo helicóptero, usó su metralleta para acribillar a los cinco rehenes que estaban con él. En el tiroteo posterior, la policía abatió a tres terroristas palestinos y capturó a los otros tres que sobrevivieron. Era el punto y final a veinte horas de terror que dejaban como balance la muerte de once deportistas y entrenadores israelíes, cinco de los ocho secuestradores, un oficial de la Policía alemana y uno de los pilotos de los helicópteros. La tragedia, seguida en todo el mundo a través de la televisión, tendría graves consecuencias futuras.

De manera sorprendente, y a pesar de las numerosas voces que pidieron su suspensión, la competición olímpica siguió su curso casi con normalidad. Tan sólo las pruebas del 5 de septiembre –el día en que todo ocurrió- fueron aplazadas. Además, el destino quiso que los Juegos se reanudaran con las pruebas de halterofilia, entre cuyos participantes deberían haber estado tres de los asesinados.

"Los Juegos deben continuar".
Avery Brundage. Presidente del CIO. Munich ,1972

El Comité Olímpico Internacional, con su presidente, el norteamericano Avery Brundage, al frente, argumentaron que los terroristas no podían condicionar la celebración de los Juegos. Al día siguiente se celebró en el estadio olímpico de Munich un memorial por los fallecidos al que asistieron 80.000 espectadores y 3.000 atletas. Durante su discurso, Brundage elogió la fuerza del movimiento olímpico pero no hizo ninguna referencia a los deportistas asesinados, lo que enojó a los israelíes y a otros muchos espectadores. El ataque fue ampliamente condenado en todo el mundo, con la única excepción de algunos países árabes, que también se negaron a que sus banderas ondearan a media asta en señal de duelo.

Los deportistas israelíes que lograron salvar la vida abandonaron inmediatamente Alemania, fuertemente protegidos por las fuerzas de seguridad. Egipto, Siria y Kuwait también retiraron a sus deportistas en señal de protesta por la masacre desatada por la policía alemana, pero los ecos de lo acaecido en Munich no se apagaron con el final de los Juegos Olímpicos ya que tuvieron consecuencias que se prolongarían durante años...


Artículos de referencia:
http://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_M%C3%BAnich
http://www.historiadeldeporte.es/pages/momentos/munich72.php

http://www.rtve.es/deportes/20120723/coi-homenajea-primera-vez-deportistas-israelies-asesinados-munich72/549623.shtml

Vídeos:
http://www.rtve.es/alacarta/videos/programa/masacre-juegos-olimpicos-munich/68233/
https://www.youtube.com/watch?v=tz1dJXv9tlM













martes, 4 de junio de 2013

LA GUERRA DEL FÚTBOL (1969)

Equipo de El Salvador. Mundial de Méjico 1970
La guerra del fútbol o guerra de las cien horas es un enfrentamiento armado que se produjo entre Honduras y El Salvador en 1969. Recibe este nombre por la coincidencia de este conflicto con las eliminatorias de clasificación norteamericana del Mundial de Méjico en 1970.

Los latifundistas o hacendados controlaban la mayor parte de la tierra cultivable de El Salvador. Esto hizo que los campesinos pobres de este país emigraran a las tierras de la vecina Honduras cercanas a la frontera. En 1969 Honduras realizó una reforma agraria por la cual expulsaría a los campesinos salvadoreños de su territorio, muchos de ellos tras varias generaciones ocupando y cultivando estas tierras.

Este  hecho provocó una escalada de tensión entre los dos países que concluyó el 14 de julio de 1970 en un ataque del ejército de El Salvador, que en pocas horas se acercó Tegucigalpa, la capital hondu-reña. 

Tras arduas gestiones diplomáticas, la Unión de Estados Americanos pactó un alto el fuego para el 20 de julio.

Las tropas de El Salvador se retiraron a principios de agosto y en 1980 ambos países firmaron un tratado de paz definitivo y quedaron bajo el amparo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya para la revisión y establecimiento de sus fronteras definitivas.

El trágico balance de este enfrentamiento fue de 2.000 a 4.000 muertos y más de 15.000 heridos entre soldados y civiles, además de la vuelta a El Salvador de más de 60.000 personas que vivían en Honduras y fueron obligados a regresar.

Casi de forma paralela a este conflicto se disputó la eliminatoria de clasificación del Mundial de fútbol 1970 con la clasificación de El Salvador tras tres partidos: el 6 de junio de 1969: Honduras 1, El Salvador 0 en Tegucigalpa; el 15 de junio de 1969, El Salvador 3, Honduras 0 en El Salvador, y el 27 de junio de 1969 tuvo lugar el partido de desempate en Ciudad de Méjico con el resultado de 3:2 a favor de El Salvador y su clasificación mun-dialista.

Este enfrentamiento armado provocó la reinserción de las personas desplazadas desde Honduras que no se satisfizo completamente y que aumentó la presión social en el país salvadoreño hasta desembocar en una guerra civil, que padeció El salvador en el periodo 1980-1992. 






viernes, 15 de marzo de 2013

LA TRAGEDIA DE HEYSEL (1985)

Placa conmemorativa en el
 Estadio Rey Balduino, Bruselas.
El 29 de mayo de 1985 se produjo en el marco de la Final de la Copa de Europa de Fútbol una de las situaciones más infames de la historia del deporte mundial.

El viejo Heysel, hoy Estadio Rey Balduino, en Bruselas, era un estadio pequeño, coqueto y que había albergado grandes partidos internacionales y ese año 1985 albergaba la final de la Copa de Europa que enfrentaba a la Juventus de Turín y al Liverpool inglés.

Los aficionados de la Juve eran en su mayoría familias y personas pacíficas, por contra la afición del Liverpool en aquella época estaba formada por muchos hooligans, que se comportaban como auténticos bárbaros. 

Las gradas fueron una trampa mortal
para los aficionados que quedaron atrapados
Un error de previsión situó a las dos aficiones separadas sólo por una valla y sucedió lo inevitable, ya que su derribo y la imposibilidad de acceder al campo al estar también vallado produjo un aplastamiento que acabó con 39 muertos y 117 heridos, la mayoría de ellos italianos.

Por televisión el público asistía horrorizado a la salida de los cuerpos desde la grada, pero lo más sorprendente estaba por llegar, ya que la UEFA decidió que el partido se jugara con dos horas de retraso para evitar represalias por parte italiana. Hay que significar que en aquella época no había móviles ni Internet y la información en el propio estadio era muy confusa. Los propios jugadores tuvieron que salir al campo para pedir calma a sus aficionados.

En Anfield también se recuerda
a los amigos italianos fallecidos
En esta situación se disputó un partido que ganó la Juve por 1:0 tras un penalti injusto por falta fuera del area. El autor del gol, el francés Michel Platini, actual Presidente de la UEFA y uno de los mejores jugadores franceses de la historia, celebró el gol de forma bochornosa teniendo en cuenta las circunstancias acaecidas.

Las consecuencias de este incidente fueron la revisión de todas las medidas de seguridad en los estadios incluyendo la prohibición de consumo de alcohol, la expulsión por cinco años de todos los equipos ingleses de competiciones europeas, lo que supuso el éxodo de los mejores jugadores de la Premier, y también significó la vergüenza y el rechazo del mundo del fútbol ante un hecho que jamás debió suceder.